




La presente exhibición, compuesta por dieciséis pinturas y titulada "Con las calles caligarianas y también luminosas", surge a partir del recuerdo de su pareja, un motivo que la lleva a recorrer y habitar las distintas calles de Lima para configurar un mapa de sensibilidad donde el espacio urbano actúa como un puente que conecta la emoción con el vínculo afectivo.
En el núcleo de esta propuesta, compuesta mayormente por vistas nocturnas de calles y marinas, la luz artificial se presenta como un agente revelador. Desde una aproximación fenomenológica, el paisaje deja de ser un mero objeto externo o una representación pasiva sujeta al academicismo pictórico tradicional. No se busca aquí la mímesis fotográfica ni la copia fiel del entorno, sino una versión traducida del territorio, donde la subjetividad opera como un prisma transformador que subvierte lo real a partir de aquello que suscita un encuentro romántico, pasional y profundamente melancólico.
De este modo, lo anecdótico o lo social se desvanece para dar absoluta prioridad a una atmósfera donde la ciudad ya no es solo un escenario geográfico, sino la cartografía psíquica de un duelo y de una pasión. La luz, el eco de la memoria y la traducción íntima del entorno convergen en cada lienzo, reconociendo a Teruya como una creadora capaz de convertir la travesía urbana en una indagación filosófica sobre el afecto y la persistencia de la imagen, donde el carácter de la pintura simbolista de la mano con el expresionismo de sus trazas urbanas, conllevan a revelar que toda geografía externa es, en última instancia, el espejo irrevocable del alma.
Juan Peralta Berríos
Curador





















